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Crónica de una ponencia vital: el Dr. Hermann Josef Ribera y el compromiso de las Unidades del Dolor

El especialista defendió una atención preferente, empática y altamente especializada para el dolor oncológico

Ilustración de una médica acompañando a un paciente con dolor durante una consulta oncológica

El dolor oncológico es uno de los síntomas que más condiciona la calidad de vida de las personas con cáncer, y también uno de los que más exige una respuesta rápida, especializada y humana.

Durante un encuentro de GEPAC, el Dr. Hermann Josef Ribera Leclerc, anestesiólogo del Hospital Universitario Son Espases de Palma de Mallorca y representante de la Sociedad Española del Dolor, compartió una visión clara sobre cómo debe abordarse este problema. Su mensaje fue directo: un paciente con dolor oncológico no puede quedar diluido en una lista de espera más, sino ser tratado como una prioridad asistencial.

Una atención especializada centrada en la funcionalidad

El doctor describió a las Unidades del Dolor como un espacio clínico especialmente orientado a devolver funcionalidad y bienestar. Desde su experiencia, el reto no consiste solo en aliviar el síntoma, sino en comprender su complejidad, diferenciar cuadros como el dolor neuropático o mixto y ajustar el tratamiento con criterio técnico y cercanía.

También reivindicó el papel diferencial de estos equipos dentro de la anestesiología, una especialidad que en este ámbito trabaja precisamente para que el paciente recupere capacidad de movimiento, autonomía y calidad de vida.

Escuchar, reevaluar y acompañar

Uno de los mensajes centrales de la ponencia fue la importancia de la relación médico-paciente. El Dr. Ribera insistió en que la adherencia al tratamiento mejora cuando la persona se siente realmente escuchada y comprendida.

Reevaluar, reevaluar y reevaluar.

Esa fue la idea que articuló buena parte de su intervención. El dolor oncológico cambia, evoluciona y obliga a revisar la respuesta terapéutica de forma continua para adaptar la medicación y el acompañamiento a cada momento del proceso.

Del enfoque escalonado a una respuesta proporcional al dolor

La charla también repasó la evolución del tratamiento analgésico. Frente a una aplicación rígida de la clásica escalera analgésica de la OMS, el doctor defendió una atención proporcionada a la intensidad real del dolor, incluso recurriendo a opioides mayores cuando la situación clínica lo requiere y siempre con criterio profesional.

Junto al abordaje farmacológico, explicó el valor de técnicas intervencionistas como la neurólisis o las bombas intratecales en los casos en que los fármacos no bastan o provocan efectos secundarios difíciles de asumir. Todo ello, subrayó, debe ir acompañado de herramientas que mejoren la seguridad, como el uso de ecografía en procedimientos especializados.

Un papel activo para pacientes y profesionales

La ponencia concluyó con una llamada a la participación activa del paciente en el control del dolor. El uso de recursos como el diario del dolor, el ejercicio físico adaptado y los autocuidados puede ayudar a identificar mejor los cambios y facilitar decisiones clínicas más precisas.

El mensaje final fue de compromiso y esperanza. Las Unidades del Dolor están para aliviar, sí, pero también para ayudar a que cada persona recupere la mayor funcionalidad y bienestar posibles durante su proceso oncológico.

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